martes, mayo 11, 2004

Los amantes

– La verdad, chicas, empiezo a estar desesperada. Hace meses que no pillo nada. Bueno, que no tengo nada serio– aclaró Marta tras el sospecho carraspeo de unas cuantas de las que ocupábamos la mesa.
– ¿Y se puede saber para qué narices quieres algo serio?– preguntó mi querida, y siempre práctica, Isabel– Con los líos serios acabas por no pillar tampoco nada. Bueno, sus calzoncillos sucios bajo la cama cada mañana, si tienes suerte. Y si no la tienes, le acabas pillando con tu mejor amiga.
Sí, Isabel estaba cabreada, era oficial. Y empezaba a estar convencida, por mucho que ella dijera que no, que la incipiente amistad entre su último ligue, Rafa, y su compañera de trabajo, Carla, tenía mucho que ver.
– Bueno Isa, tampoco es para tanto ¿no crees? –intervine yo, conciliadora– A veces las historias son diferentes. Si no ¿por qué la gente se sigue casando? ¿O, mejor olvidamos las bodas, se siguen comprando casas juntos?
Sí, yo estaba enamorada. Lo cual, no entendía muy bien por qué, no dejaba de irritar profundamente a mis amigas. O quizás no era eso, sino más bien que a cada paso sacara a mi nuevo chico a colación.
– La verdad, no sé a que vienen tantas vueltas. Las historias serias ni están tan mal, ni tan bien –concluyó Bea mirándonos a Isa y a mí, alternativamente– Sólo hay que ser capaz de recordar ésto, y de no olvidar tus alegrías de soltera cuando estás pillada.
– ¿A qué te refieres?
– Verás, Marta, está bien que quieras tener una pareja, pero nunca debes borrar de tu agenda los teléfonos de los amantes ocasionales, salvo que se casen, y en ese caso sólo los pasas a la sección de “por ahora no”. Así, cuando se termine la maravillosa historia de amor, podrás darle una alegría al cuerpo.
– ¿Amantes ocasionales? ¿Qué, o quiénes, son esos?– preguntó nuestra querida e ingenua Marta mientras apuraba su cerveza.
– Marta, no me puedo creer que no tengas en la recámara algún tiro– Mi cara de incredulidad era un poema. Una cosa es ser buena, y otra tonta. Vamos, digo yo.
– Cielo, creo que hay mucho que enseñarte. Los “amantes ocasionales” de Bea, o mis “polvos de emergencia” –continuó Isa– son aquellos hombres con los que nunca podrás tener nada más que buen sexo.
– ¡pero que buen sexo, por Dios!– exclamó Bea alzando los ojos al cielo.
Isabel, obviando la herejía, continuó impasible:
– Pueden ser amigos no demasiado cercanos, ex con los que la historia jamás cuajó, desconocidos con los que coincides una noche y con los que, cuando les ves la química estalla. Son balas en la recámara, nuestra particular “agenda negra” de hombres siempre dispuestos. Todas tenemos alguno, siempre. Cambian con el tiempo, pero cada mujer debería tener al menos uno. Alguien que te tire los tejos cada vez que te vea. Que te suba el ánimo y la líbido.
– Cariño, en tu caso no es una “agenda negra”, es toda tu agenda– terminé, mientras el resto recordábamos a nuestros “reservas” y Marta se preguntaba, estoy segura, dónde encontrar uno.
–Eso sí, cielo. Jamás se te ocurra enamorarte de ellos. Disfrútalos en lo que valen, y al día siguiente, olvídalos hasta el próximo momento de necesidad. Ellos harán lo mismo. ¡Ah! y jamás aceptes una llamada suya sin haberte negado al menos un par de veces antes, si no, estás perdida.
Fue en ese mismo instante cuando supe a quién recurriría Marta. Y supe también que estaba perdida de ante mano, y que las demás íbamos a tener problemas. Pero esa, es otra historia.